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Cultura

La trágica fuente de los muñecos, una leyenda que sigue viva en Puebla

En Puebla, entre la calles 22 Oriente y 18 Norte, se encuentra una curiosa fuente que alberga una misteriosa historia de dos pequeños.

Por Victoria Herrera

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México.- No hay ciudad que no tenga sus leyendas, y Puebla no es la excepción. A mediados del siglo pasado surgió en esta histórica ciudad una de las leyendas que viven aún entre las calles de la misma y entre la memoria y presagios de los lugareños: la fuente de los muñecos. 

La historia

Se trata de la leyenda de la Fuente de los Muñecos. Esta historia comienza bastantes años atrás, en el Barrio de Xonaca, cuando en aquel entonces era conocido como el Barrio de los Catrines, por pertenecer las casas y fincas en su mayoría a gente adinerada, e incluso remontándose históricamente a la realeza, pues se dice que por esa misma zona se encontraba las casonas veraniegas y de descanso de personajes como lo fue Carlota, esposa de Maximiliano de Habsburgo y emperatriz del Imperio Mexicano, en épocas todavía más antiguas. 

Esta fuente se cerca de lo que es el templo de la Candelaria y justo enfrente se encuentra la famosa casona, que tiempo después se convertiría también en la casa de verano del gobernador de Puebla, Maximino Ávila Camacho, quien ocuparía su puesto de 1937 a 1941. En aquellos años el mismo gobernador tenía a su servicio a un caballerango, es decir, quienes en aquel entonces se encargaban del cuidado y ensillado de los caballos.

Este mozo, quien siempre estaba dispuesto para las órdenes del gobernador tenía dos pequeños hijos, a quienes todo mundo apreciaba en demasía al ser alegres y ya reconocidos por todos los vecinos de los alrededores y a pesar de ser de menor alcurnia el gobernador les tenía un gran aprecio.

Estos pequeños eran una niña y un niño de seis y siete años, respectivamente, quienes, se notaba, se tenían gran aprecio y cariño entre sí, pues siempre andaban juntos. Un día como cualquiera y sobre todo en una ciudad tan lluviosa como lo es la capital de los ángeles, los niños salieron hacia la escuela, cuando una torrencial tormenta se soltó de la nada. Nadie se extrañó, sin embargo, conforme fueron pasando las horas se dieron cuenta que los pequeños niños no regresaban a su hogar y fue entonces que la preocupación colectiva comenzó a invadir a todos. Buscaron en cada rincón, en cada calle y callejón, pero no pudieron encontrar ni una pista de donde pudieran encontrase los pequeños. Los padres no comprendían lo ocurrido, sin embargo, con el pasar de las horas y a pesar de la ayuda de sus vecinos, finalmente decidieron dar la búsqueda por terminada, ya que cerca de la zona había un pozo, en el cual dedujeron que los pequeños habían caído ante la lluvia que había caído ese mismo día al momento que ellos se dirigían a la escuela y a la cual tampoco llegaron nunca. Si bien el dolor de los padres era incomparable, no hubo quién no lamentara la pérdida de los niños, por lo que incluso el gobernador decidió en honor a los chiquitines hacer esa fuente con pedestal de talavera y sus figuras justo en el lugar donde se creyó pudieron haber caído en el pozo. 

Cada noche salen a jugar

Este pudiera ser un monumento cualquiera, sin embargo, hasta la fecha los lugareños cuentan cómo es que por las noches se pueden escuchar las risas y pasos de los pequeños, quienes, dicen, cobran vida cuando la oscuridad invade la ciudad.

Desde que el gobernador decidió hacerles ese monumento, se dice, los niños cobran vida cada noche para poder divertirse y jugar todo aquello que en vida no pudieron y hasta la fecha es algo que los mismos que viven en esa colonia reconocen. Incluso se dice que se puede ver cómo la pintura se desgasta por el movimiento de los niños al jugar, por lo que se procura retocar la misma constantemente.

Asimismo, dicen cómo antes de que los primeros rayos de la mañana alucen el día los pequeños vuelven a la misma inerte posición, el brazo de la pequeña de trenzas y vestido rosa abrazando a su hermano de overol azul y boca sonriente. 

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El Dato

La fuente está hecha de ocho columnas que sostienen el techo que cubre las cabezas de las figuras de los niños, quienes se abrazan. 

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