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Guadalajara

Jimador, ancestral oficio aún vigente gracias al amor con que se infunde en zonas tequileras de México

Aún el sol no sale y padres e hijos ya caminan entre las siembras de agave de Jalisco, la coa en la mano, la música y el sereno de la mañana les acompañan

Por Carolina Solís

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Tequila, Jalisco.- Un cruzagando y una cerca de púas hacen el papel de checadores de entrada en el campo. Son las 6:46 de la mañana y las gruesas llantas de un autobús con trabajadores a bordo pasa rumbo a La Quemada.

El suelo húmedo por la lluvia que cayó poco antes y largas filas de agave les esperan. Un hermoso paisaje se deja ver conforme el cielo empieza a clarear comprobando que en Jalisco cada mañana son buenos — ¿qué digo buenos? ¡Son ¡mágicos! — días.

Cada paso hace más intenso el olor a hierba. De pronto los cruces de las afiladas coas por las pencas de los agaves se empiezan a escuchar, la música que cada uno trae en su cuadril también. Así inician su día los jimadores.

El pedido de hoy son 20 toneladas de piñas. Para cortarlas están los diestros brazos de 8 hombres y los de dos menores más, ellos tienen apenas unos días de estar aprendiendo este noble oficio que con orgullo les enseñan sus padres.

"¡No! ¿cómo va a ser castigo?", refuta indignado César Torres al preguntarle por qué su hijo está hoy haciendo labores del campo.

"Quería enseñarse pues ¡que se enseñe!, pa' que sepa. Ya sabe todos los trabajos del agave, nomás le faltaba aprender a jimar"

Añade mientras levanta el rostro y endereza su cuerpo para dejar en claro la gran satisfacción que siente que su único hijo pueda continuar con esta labor que él también aprendió cuando tenía 16 años.

Cada jimador debe llevar consigo una coa, que tiene un valor aproxiado de mil 800 pesos y les dura en promedio un año. Además de un trinagulo que amarra a su cintura e incluye dos afiladoras, una nueva y otra ya vijea para acentar el filo. Foto: Carolina Solís

La llegada de los jóvenes a los cultivos parecería una ancestral práctica de iniciación que se ha ido replicando por generaciones.

José de Jesús, de apenas 13 años, muestra las marcas que en 15 días de trabajo ha sufrido en sus muñecas. Las afiladas puntas de las pencas las ocasionaron. Aun así, con una sonrisa en el rostro, dice que prefiere hacer esto que todas las tareas que le dejan en la escuela.

Su padre, Jesús Reyes, quien lleva 24 años en la jima, voltea a verlo. Le gusta que aprenda, pero aclara que él preferiría que su hijo estudiara. Su intención de llevarlo a los cultivos, dice, es principalmente para mantenerlo ocupado en el periodo vacacional.

Las expresiones de los demás jimadores alientan al alumno de secundaria a decir que también le gustaría ser veterinario.

"Cuando están de recién ellos se les hace facilito, porque no tienen que mantener nada. Ahorita está facilito, pero hay días que está bien pesada la jima, que esta uno aquí todo el día...Y de todos modos le batalla uno (con el dinero) ... (A los aprendices les paga) poquito, les dan nomás pa'l refresco".

Explica.

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Hoy toca que cada jimador complete dos toneladas de piña, cada una la pagan en 250 pesos.

"Es (el trabajo) en el que se paga mejor aquí el campo... La mayoría de los compas sí enseñan a sus hijos por lo mismo que pagan mejor"

Añade César Torres.

Roberto Carlos Torres es uno de los jóvenes que está aprendiendo el noble oficio del jimador, este es su octavo día realiando cortes a las piñas de agave. Foto: Carolina Solís

Aunque la paga no sea igual para los aprendices, a los padres se les ve realizando un esfuerzo extra, para compensar la poca practica de sus hijos.

"Es un buen empleo, pero tenemos que buscar otras opciones"

En el campo todos trabajan de domingo a viernes. A veces también los sábados, según los pedidos de las grandes fábricas tequileras.

"En el departamento de jima no tenemos un horario fijo de salida, tenemos un horario fijo de entrada, pero de salida no ... es a como se presta el clima... En este tiempo de lluvias, la mayoría de las veces nos vamos tarde"

Confiesa Javier Vera.

Él también se inició a los 18 años en el mundo del tequila, pero lo hizo dando mantenimiento a los cultivos de agave, cuatro años después logró convertirse en el jefe de cuadrilla de jimadores de Tequila Sierra.

Este puesto que le ha ayudado a cumplir sus sueños: ser ingeniero agrónomo, aún está estudiando, pero dice se esfuerza para dale lo mejor a sus tres hijas.

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Jesus Reyes, de 42 de edad y vecino del poblado de Santa Tere, lleva toda su vida de adulto dedicado a la jima de agave. Hoy sueña con que su hijo estudie, aunque también lo ha llevado a los campo para que aprenda la labor. Foto: Carolina Solís

"Tengo que brindar un buen ejemplo y que se sientan orgullosas de su papá, pero principalmente es sacarlas adelante, que no le falten lo que a uno una vez le faltó...

No teníamos los medios ni los recursos suficientes anteriormente (para estudiar), ahorita ya hay un poquito más y le estamos echando ganas a no quedarnos atorados... para progresar y no estar aquí atenidos a un solo trabajo"

Dice.

El jimador César Torres también aspira a más, no solo labora para empresas tequileras. Buscando qué hacer en sus ratos libres para tener un mejor futuro decidió plantar agaves en dos hectáreas que le prestó su padre.

Esa había sido la otra escuela de su hijo Roberto Carlos, quien apenas tiene 8 días aprendiendo a jimar, proceso para el que su cultivo aún no está listo, pues deben pasar al menos cinco años para que los agaves estén listos para ser jimados, por ello lo lleva a otras parcelas a practicar.

Los cortes de las piñas de agave se dan a partir de los 5 años de haber sido plantadas. ""Entre más madurez tenga es mejor la producción siempre y cuando tenga los kilos, un promedio de 20 kilos hacia arriba es un tequila bastante bueno porque genera mucha pulpa y menor el rendimiento en fibra", dice Javier Vera, de Tequila Sierra.

Familias se forman entre los azules campos de agave

Junto con las piñas de agave, las gotas de sudor también caen al suelo. Una vez jimadas las necesarias para cumplir con las toneladas solicitadas es hora de erguir el cuerpo, soltar la coa y pasar a descansar.

Un pequeño equipo de cargadores continuará recorriendo los campos para recoger la piñas jimadas con que llenarán los camiones que tienen como destino las fábricas tequileras.

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Para los jimadores es hora de comer a la orilla de las parcelas que ya lucen con el sol alto. Su labor ha finalizado.

Bajan el volumen a la música para dar lugar a las pláticas, las risas y la invitación a probar el alimento que cada uno lleva.

Sobre una pequeña parrillita —que cada uno lleva consigo y hace la labor de estufa con la ayuda del fuego que produce el alcohol— se empiezan a calentar los lonches.

El esfuerzo físico que hará el jimador al cortar la piña dependerá de cuan afilada esté su coa. El corte debe ser de un solo tajo y sin que broten hebras de la piña. Foto: Carolina Solís

La voz de Ángel Rodrigo García se hace notar, brinda taquitos de frijol a cada uno de sus compañeros, aunque también suelen llevar huevo, sopa, caldo de pollo y los viernes, aclaran, ¡toca menudo!

Las manos o algunas piedras fungen como mesa. La camaradería es evidente.

"No hay buenos (jimadores), aquí hay días en los que uno va más rápido que otro, pero todo se da en equipo... Somos familia, allá afuera somos a veces desconocidos o conocidos (se oyen risas), pero aquí somos familia. A veces tratamos más aquí, entre nosotros, que a la propia familia"

Cuenta Ángel.

Un brindis por los jimadores

En Jalisco, la tierra, el agave, el oficio del jimador, la industria y el tequila son igualmente dependientes uno del otro y desde la labor más básica se deja claro que la unión, hace la fuerza... ¡y al tequila también!

Hoy, en el Día Internacional del Tequila, el Consejo Regulador del Tequila (CRT) reveló que tan solo en 2020 fueron jimadas y consumidas 1 millón 407 mil toneladas de agave y con las piñas se produjeron 374 millones de litros de tequila que fueron consumidos en todo el mundo.

Según los pedidos que hagan las fábricas de tequila se elige la cantidad de piñas que se deben jimar, se hacen los cortes exactos para el día. Foto: Carolina Solís

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¿Por qué el ancestral oficio de jimar las peñas de agave sigue dependiendo de la fuerza bruta del hombre a pesar de los avances tecnológicos que presume la agroindustria de Jalisco?

Al visitar los campos agaveros la respuesta es evidente: cada trago de tequila sabe al amor, alegría y orgullo con que el jimador hace su labor en el campo, sin importar que sea ‘desde que canta el gallo hasta que llora el grillo’.

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