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Los Mochis

Maestra sinaloense le envía carta al presidente Andrés Manuel López Obrador

La profesora se dice conflictuada por la propuesta mixta con la que muchos colegios y algunas instituciones, sobre todo privadas, están abrumando a los docentes

Por El Debate

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Querido Sr. Presidente

María Madrid Zazueta

C. Andrés Manuel López Obrador:

Prevenida por los medios del comunicado que presume iniciar labores académicas presenciales a partir de agosto del presente año me siento dividida, conflictuada y consternada, entre otros varios estados de ánimo que deseo compartir con Usted, Sr. Presidente; pero, sobre todo, con el hombre y ser humano que se comprometió con dar atención a los estratos sociales más vulnerables. 

Fíjese Usted que me siento dividida; la razón es que soy parte del gremio que no domina el arte del trabajo virtual y las exigencias administrativas, logísticas y burocráticas para corroborar que estamos realizando nuestras labores educativas, que suelen ser más agobiantes que dar clases virtuales, aun con su complejidad.

Entiendo, vivimos tiempos de turbulencia y agitación política y social que exige a las instituciones dar cuenta y seña de las funciones que se realizan; más aún, del financiamiento que reciben para mantener el funcionamiento y presumible mejoramiento de los recintos escolares.

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Por otro lado, me siento impotente de no mirar a la cara a los estudiantes, pues durante mis más de 20 años de carrera es la expresión corporal la que me dice más de ellos que los sonidos.

Impotente porque no hay forma de saber si quienes no responden al llamado urgente de integrarse a las sesiones virtuales, o al menos enviar los trabajos o realizar algunos, son de verdad víctimas de las circunstancias económicas, de la pandemia de Covid-19 o de cualquier otra desgracia que les impide no incorporarse como es lo esperado; por lo que opto en creerles. Me culpo de mi falta para aprovechar los medios o redes sociales que sí sé emplear. 

Sin embargo, considerar el regreso presencial en un momento crítico de rebrote que está causando más estragos en la vida de ya miles de sinaloenses me resulta improcedente.

Es que, Sr. Presidente, si muchos de nuestros estudiantes no tienen la economía para pagar datos para tener internet en sus dispositivos, ¿tendrán los medios para pagar hospital, neumólogo, tanque de oxígeno y sus respectivos rellenos, las terapias de rehabilitación si es que sobreviven a un estado de gravedad? ¿Quién se hará responsable de ellos y, junto a éstos, de los miles de maestros que hay en diversas instituciones que no cuentan con certidumbre laboral?

Conflictuada, sí Sr. Presidente, estoy conflictuada por la propuesta mixta con la que muchos colegios y algunas instituciones, sobre todo privadas, están abrumando a los docentes. Son colegas que se las han arreglado para atender al mismo tiempo, de forma virtual a alumnos regulares y presencial a los alumnos con rezago o mayor necesidad, pues las empresas educativas no quieren contrariar a padres cuyos hijos no aguantan en sus casas.

Estoy al tanto que este trabajo híbrido responde a una exigencia de atender la demanda de los clientes y no perder ingresos en las escuelas privadas. Mas esto es, a consta de docentes abrumados, agotados y, para colmo, sin certidumbre laboral; algunos, segura estoy, como los mal nombrados “asistentes o auxiliares” no siempre cuentan con el beneficio de tener seguridad de un sistema de salud, de un sueldo digno ni mucho menos de un retiro adecuado porque, a pesar de que estos maestros cubren gran parte de la demanda educativa y laboran como soldaditos en las escuelas privadas, no cuentan con una plaza que los respalde, con un sindicato que los defienda (aunque las públicas aparentan tenerlos). Ni siquiera cuentan con tales beneficios los maestros titulares.

Es que las escuelas, y sobre todo las de empresarios, o aquellas que compiten por los clientes en educación superior, no se han detenido a pensar que son tiempos para que todos reconozcamos la necesidad de estar sanos, de que volvamos a rescatar las necesidades básicas de la educación que son: leer, escribir, resolver problemas aritméticos, saber expresarse de forma escrita y oral, y saber convivir, añadiendo el saber usar los medios virtuales disponibles.

Los intelectuales de la educación llevan tiempo discutiendo que los programas curriculares están desfasados, que las lecturas requieren actualizarse, eso y un sinfín de críticas más, pero terminamos arrastrados a repetir los mismos viejos métodos con sus lecturas y mallas curriculares igual que el año anterior, y el antes del anterior…; entonces, Sr. Presidente, me digo, por qué no dar oportunidad a los maestros o docentes para que decidamos, con base en nuestra experiencia y circunstancia, la forma de atender esta situación, ya que nadie como nosotros conoce a los estudiantes.

Digo maestros o docentes, o si quieren profesores, de todas formas, querido Presidente, para algunas instituciones, miles de colegas son obreros de empresarios que presumen que de dichas instituciones han salidos grandes personajes; claro que el lado oscuro se queda en el registro del currículo oculto. Y también me extraña que de ellas ninguno o pocos artistas hayan surgido.

Por otro lado, querido Sr. Presidente, también estoy consternada. Hay muchos que dicen luchar y defender los derechos sociales y hablan de injusticias, mientras tienen escuelas privadas con empleadas que son educadoras en formación o recién egresadas, a las que les pagan un sueldo que sería cosa de risa si no fueran tantas las necesidades en sus casas.

Son críticos desde una pantalla o en redes sociales; porque recitan los ideales de pensadores europeos algunos de los cuales nunca tuvieron que trabajar y ganarse el pan nuestro de cada día. Estoy realmente consternada con que apoyen, sin detenerse a meditar, este regreso a clases el próximo agosto, diciendo que era ya pronosticado que la pandemia nos llegaría a todos.

Pero se les olvida que el doctor Gatell, con inteligencia y gran paciencia, desde el inicio dijo que se requiere seguir las normas de prevención que muchos mexicanos no han seguido, eso era para evitar la catástrofe de que colapse nuestro sistema de salud. Y e sque son minoría quienes pueden pagar 10 ó 20 mil pesos o más que cobran por día en clínicas u hospitales privados.

¿Por qué no preguntan a los médicos cómo se sienten al respecto de regresar a clases presenciales, de que se cierren pequeños negocios, pero se abran los estadios y las grandes empresas y otros negocios que no son de primera necesidad? 

No tiene tarea fácil, mi muy querido Sr. Presidente, pero voltear a ver a los cientos de miles de profesores, docentes, maestros o trabajadores administrativos de las instituciones académicas le dirá mucho de lo que sentimos. Hablar con médicos de instituciones públicas, y no con los dueños de clínicas privadas que están en su mejor momento, espero en Dios le ayude a entender el temor que sentimos los maestros por nuestros seres queridos, que seguimos llorando por los que ya perdimos y que algunos, junto a esta pandemia, hemos pasado por secuestros, desaparición de familiares, extorsiones y asesinatos de seres queridos.

Algunos atendemos padres mayores que tenemos que cuidar. Y, volviendo al tema, ¿quién dice que nuestros jóvenes y niños sufren por no ir a la escuela?, al contrario, hay quienes por fin disfrutan de convivir con sus padres y aprender que tener responsabilidades es parte de la vida.

Cuando vivir en casa no es satisfactorio, es por la falta de comunicación o violencia que se vive entre las familias, por la ausencia de padres que cubren sus vacíos con incrementos de regalos y otros premios que pasan de moda en un santiamén.

Por eso, yo sí creo que nuestros niños merecen más abrazos, y que sentirse amados y no comprados aumenta su autoestima y puede disminuir la deserción escolar. También creo en la pertinencia de revisar y de priorizar la responsabilidad de los padres, que esto de enderezar la conducta de los niños y jóvenes les corresponde a ellos, y no es obligación de los maestros.

A nosotros nos corresponde prepararnos para la educación académica, querido Presidente. Y, por eso, en agosto, deberíamos compartir estrategias educativas, tener tiempo para sistematizar y aprovechar la experiencia de un año de trabajo virtual o mixto para preparar nuestra planeación de forma virtual. Porque, todos lo sabemos, Sinaloa, y en especial Culiacán, siempre ha sido epicentro de contagios. 

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Me despido, querido Sr. Presidente. Soy leal a mi profesión y a mis responsabilidades. Me considero libre pensante y empática con los estudiantes a mi cargo. Atenderé las responsabilidades que a mí se me asignen, sólo espero que haya una responsiva por cada estudiante y cada colega que resulta afectado por esta enfermedad en un estado donde los servicios de salud públicos no alcanzan a curar y atender a tantos enfermos; donde pasantes de medicina y algunos profesionales de la salud responsables están dando lo mejor de sí, pero a consta de su propia salud, de agotamiento acumulado y de poner en riesgo a los suyos.

Quedo a la espera de una posible resolución y la aplicación de la misma, deseando sea lo más justa y razonable posible.

¿Usted está de acuerdo con el regreso a clases presenciales en agosto?

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