Opinión

1955

RAZÓN DE SER

Por Nora Arellano

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“Las mujeres nacían civilmente muertas.”
Clara Campoamor

Ya no, ya no nacemos civilmente muertas, ya no somos seres de espacios privados, necesitamos estar en el espacio público, saber que podemos ingresar sin pagar porte que es derecho nuestro como del otro humano.

Humanos somos los dos –hombre y mujer-, debemos aprender juntos a formar sociedad, debemos crecer juntos para que haya paz y seguridad, juntos debemos gobernar y la sociedad se gobierna desde el espacio público, por lo tanto, ahí debemos estar. 

Ayer, 3 de julio, se cumplieron 67años del voto femenino total en nuestro país, lo cito así porque antes de esa fecha y no mucho antes podíamos votar en elecciones municipales. 1955 es fecha importante porque representa el reconocimiento en la práctica de que la mujer es un ser humano que debe tener y tiene las mismas oportunidades, garantías, derechos y obligaciones –por supuesto- en la sociedad y sus formas de organización. 

A la mente se me vienen infinidad de historias de inequidad y violencia contra las mujeres. Tenía 13 años cuando en la Cd. de México la Organización de las Naciones Unidas celebró histórica, primera convención sobre la situación de los derechos de las mujeres en el mundo. Guardo de aquella época la imagen de varones renegando por una supuesta liberación femenina, de mujeres incluso que no entendían bien de que se trataba. Ese si fue parteaguas, muchas referencias en lo económico, en el valor para afrontar la vida, en la capacidad para salir adelante sin la protección del hombre. La “mujer cosa” en vías de extinción ojalá, la “habitación propia” dixit Virginia Woolf empezaba a dibujarse con esperanza y propósito de igualdad. Una sociedad más justa, pareja, respetuosa de los derechos de ellas y ellos, al fin la humanidad lo es por los dos.  Humanismo solo en función de varones es una farsa, un atropello. Humanismo es producto de dos y debiera ser viceversa. 

Cuando las mujeres tuvieron mayor participación en el mercado laboral siendo maestras, enfermeras, secretarias, primero, luego científicas, abogadas, medicas, contadoras, administradoras, ingenieras, comerciantes, las cosas no cambiaron mucho. Desde el principio de la reinvidación de nuestros derechos los hombres basaron su dominio y control en la fuerza económica, mantener era suficiente para faltar al respeto, no todos y no siempre, nadie se altere. Coincidan conmigo en algo, cuando la mujer es también proveedora, muchos hombres van retirando su participación y negando su propia responsabilidad en la vida de la familia. Al hacerlo también ponen a la deriva su relación con los hijos, el dejar hacer, dejar pasar de la irresponsabilidad ha vuelto vulnerable a la sociedad.

Tenemos que cambiar, de familia en familia, se compone o descompone el concierto social.  Que ahora nazcamos “civilmente vivas” no quiere decir que alguien deba huir de su responsabilidad. Somos corresponsables.

Celebro estos 67 años y con esperanza hacia el futuro lanzo mi deseo de que hombres y mujeres entendamos que juntos somos “La Humanidad” y con ello tengamos Razón de Ser, lo diré hasta el cansancio: una mujer no es más que un hombre, pero por ningún motivo, de ninguna manera es menos.

Posdata. – Hace tiempo alguien pensó en regresar al Ejército a los cuarteles. Tres doritos después no solo no los remitió sino lo volvió civil para la obra pública, administrar aduanas, aeropuerto, cuidar puertos, entregar vacunas y lo que se ofrezca. Mientras el país se incendia el Ejército construye. A los Jesuitas un abrazo con gratitud por su obra y mis condolencias por la muerte de dos padres que abrazaron a los raramuris, ojalá alguien pensara antes de hablar. Caso difícil. 

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