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Opinión

Devorar a la juventud priista, objetivo de Mario en Sinaloa

EL ANCLA

Por Luis Enrique Ramírez

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A Alejandro Moreno Cárdenas el mundo se le ha venido encima. Para muchos, la tardanza en revelar su postura sobre la reforma eléctrica que propone el presidente Andrés Manuel López Obrador, llama a  suspicacia. El alud de críticas aumenta conforme el presidente nacional del PRI “estira la liga” de una hipotética negociación. 

Resurgen con mayor fuerza que nunca los grupos inconformes con la dirigencia del CEN, que exigen su renuncia desde los días posteriores a la debacle electoral de este partido en todo el país.

Alejandro Moreno cambió a todos sus secretarios del Comité Ejecutivo Nacional, menos a la de Comunicación Institucional, su colaboradora más cercana que es la sinaloense metropolizada Paloma Sánchez Ramos, quien ocupa cuatro cargos: al ya citado se agregan los de diputada federal plurinominal por un estado que no conoce y donde nadie la conoce (el nuestro), presidenta del Movimiento PRIMX que controla todas las áreas cibernéticas y, desde hace una semana, presidenta del Comité de Comunicación en la 

Coordinación Organizadora de la próxima Asamblea Nacional del tricolor. En sus redes, la joven agradeció a “Alito” el nombramiento. 

Salta a la vista que, en tiempos en que las posiciones del PRI son tan escasas, se concentren tantas en una sola persona. En fin.

Lo cierto es que, con este coletazo tricolor, hoy por hoy centro absoluto de atención en la vida pública, cobra vigencia el célebre microrrelato de Tito Monterroso, que desde su publicación en 1959, es empleado como referencia al fenómeno de supervivencia del PRI: 
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

EL TEMA SINALOA. Más allá de que no hay enemigo pequeño, se equivocan quienes consideran exagerada la importancia que aquí se da al nombramiento del senador Mario Zamora en la reconfiguration del CEN del PRI; cierto que son cuatro los nuevos secretarios adjuntos a la presidencia del partido (Enrique Martini, Ricardo Cruz y Tonatiuh González son los otros), pero el mochitense es el único al que Cárdenas asignó en su anuncio “responsabilidades político electorales en los estados”.

Por paradójico que resulte, “Alito” manda a un candidato perdedor a operar las elecciones del año próximo en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas, como también a intervenir en los relevos de las dirigencias estatales. La de Sinaloa, obviamente, le hace agua la boca a Mario Zamora, en su sed de venganza porque no ganó la gubernatura.
Difícil entender a Mario, empeñado en justificar su derrota por la vía de echar lodo a la tierra que dice querer, ante un público ávido del menor pretexto para reforzar nuestro estigma. Lo volvió a hacer en su intervención en tribuna el 5 de octubre en el Senado, con insinuaciones que fueron el plato de la prensa capitalina. 

Hasta la audiencia del presidente López Obrador, el jueves pasado, al joven astro del béisbol mundial Julio Urías, que anteayer le dio el triunfo a los Dodgers, fue colocada bajo la lupa de la maledicencia en redes sociales, todo porque el genial pelotero nació en Culiacán. 
Debemos a Mario Zamora que, otra vez, todo lo que se refiera a Sinaloa y a los sinaloenses sea sacado de contexto, bajo la infame idea (por él atizada tras su derrota en los comicios) de que aquí todo y todos tenemos que ver con el crimen organizado.

A las y los jóvenes priístas, sobre quienes van enfocadas las baterías de la triada que Mario “cilindrea” en Sinaloa (Gómer Monárrez, Paloma Sánchez y Érika Sánchez), los remitimos a lo aquí publicado el lunes 4 de octubre bajo el título “El juego del calamar en la pelea por el mando del PRI”. 

Cuidado: alguien los quiere hacer ceviche.

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