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Opinión

Debuts, expectativas y uniformes

RINCÓN BEISBOLERO

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Por José Carlos Campos

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DEBUT.– Debió ser ayer jueves (miércoles en la noche en México) que la selección mexicana de beisbol hiciera su debut en los Juegos Olímpicos de Tokio, debiendo enfrentar al equipo de República Dominicana. Debut muy esperado, con ciertas expectativas y, de fondo, borrar la imagen de la cadena de torpezas cometidas obteniendo, si se puede, una medalla. Al roster se le pueden mencionar varias cualidades (virtudes, si se quiere) pero subyace en el fondo una especie de falta de identidad total, un “algo” que muy seguramente tiene que ver con la aparición en el roster de peloteros muy lejos al conocimiento de la afición mexicana. ¿Qué ayer pudo abrir el juego Teddy Stankiewicz por México? Para los que siguen de cerca este juego, nombre de cierta familiaridad al haber jugado ya en nuestro país con los Algodoneros de Guasave (como extranjero), estuvo un rato en Ligas Menores y participó en la Liga de Taiwán, para que después, en un acto casi “milagroso”, apareciera como mexicano en el roster de los Toros de Tijuana. Para los no tan enterados, tal vez baste decirles que se trata de un jugador de doble nacionalidad. El tema que hoy parece estar más que nunca de moda. Y eso es precisamente lo que puede producir cierto escozor entre los que siguen las andanzas olímpicas, ese terreno en donde los nacionalismos parecen arrasar, ser el centro neurálgico de triunfos o derrotas. Nacionalismo que parece ser lo que determina el nivel de júbilo ante el éxito o de tristeza ante el descalabro. Una pastilla muy difícil de digerir. Y en honor a la verdad, esta selección de beisbol tiene a su alrededor mucho de ese nacionalismo forzado, entendiendo que por ley es un roster muy mexicano, pero que, fuera de esa burbuja inapelable, parecer pierde el color verde nopal

FRONTERAS.- Ciertamente, los últimos años han servido para atestiguar cómo, paulatinamente, se han ido borrando las fronteras, especialmente en los deportes, desvaneciendo, en cierta forma, los nacionalismos forzados. Veamos y recordemos cómo varios han sido los deportistas nacidos en México que han optado por emigra a otras naciones, especialmente Estados Unidos, para integrarse de lleno a sistemas deportivos que les ofrecen más y mejores opciones para su desarrollo y crecimiento de su potencial. Así es como se han unido a federaciones deportivas en donde la transa no existe, en donde las dirigencias se sostienen en credibilidad y resultados, no en la faramalla, la simulación y la  farsa de dizque “trabajar” haciendo nada. En el beisbol abundan los casos de mexicanos nativos que han optado por la opción de ganar venas educativas, practicar su deporte favorito en universidades gringas y buscar su sueño de llegar a Grandes Ligas aprovechando esquemas menos viciados que el casi esclavista régimen que impera en su país natal. Por otro lado, la pelota profesional, tratando de sacar ventaja de la legislación que recordaron algo tarde, de procesos de nacionalización sacados de la manga, como queriendo así olvidarse del proceso de desarrollo que, según varios, es “caro”. Mejor hacer mexicano al material más prometedor, atiborrar al mercado con esos mexicanos de nuevo cuño sin que parezca importar el aliento a la formación de nuevos prospectos. Y es que, al parecer, es más barato “nacionalizar” y convencer a los no nativos de adoptar la nacionalidad mexicana que adoptar un nuevo método de detección y desarrollo de talento. Total, que Probeis se haga cargo de todo.Para cerrar, apenas un comentario final: ojalá que los seleccionados de beisbol, sea el resultados que se tenga, antes de regresar a México no se les ocurra dejar en la basura sus uniformes. Al menos que los dejen en sus habitaciones de la Villa Olímpica a cambio de que se lleven sábanas y almohadas. Mera sugerencia.

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