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Opinión

Urías se ganó al menos la nominación

RINCÓN BEISBOLERO

Por José Carlos Campos

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AFILADOS.- Cerca del final del rol regular en las Mayores ha surgido con fuerza las infaltables especulaciones acerca de quiénes están en la puja para disputar lo s trofeos a lo mejor del año. Obvio que no falta que cada quien le rece a su santo, y por ello se vea casi con desdeño al favorito del otro. Y justo en el centro de este recurrente debate aparece el sinaloense egresado de ligas infantiles Julio Urías, quien con sus 17 triunfos como mérito más sobresaliente se ha ganado al menos la nominación respectiva y como honra a su campaña se lleve algunos votos para el Cy Young. Muy lejos de considerar a Urías un firme candidato toda vez que en el contraste algunas de sus cifras no le alcanzan para ver como totalmente redonda su actuación. No tiene, además, el sello mediático que porta, por ejemplo, su compañero de equipo, Max Scherzer, a quien varios lo ponen en la punta para llevarse el trofeo. Y bien ganado sería, además. Pero verlo en grupo de postulantes ya es, cuando menos, un reconocimiento a lo hecho, a la fina estampa que revela en cada apertura y que en mucho le ha ganado el respeto de sus rivales. Urías ya es, ante muchos, un pitcher “de nivel”. Una nominación a estas alturas, es tener algo de gloria deportiva.

POLÉMICA.- Eso sí, la eventual nominación de Urías al Cy Young ha servido para reavivar el debate acerca del valor estimativo que tiene la estadística de juegos ganados, llevando incluso la polémica al desdeño de algunos por dicha cifra. Escuchar o leer sobre eso nos recuerda aquel 1972 cuando Steve Carlton ganaba el trofeo al haber ganado 27 juegos con los Filis de Filadelfia. Tal vez sea que la regla del olvido sea que “antes contaban, hoy no”, que lo que hace un pitcher durante cinco o más entradas no tenga mérito porque lo que ahora está en boga sea el pitcheo de relevo y el pitcher abridor sea solo una herramienta, de tantas, del mánager en turno. Los triunfos, se dice, son labor de equipo hasta podría estarse de acuerdo, pero ni quién pueda negar que en la mayor parte de los casos, la labor del pitcher abridor es lo que marca la diferencia. Tesis que para los soberbiométricos pasa de largo, la secta le apuesta más a lo que las computadoras digan, lo que los algoritmos indiquen y que la supuesta “hechicería” que puso en boga Bill James para que no sea vista por algunos, como hasta ahora, como recurso engañabobos.

FINAL.- Se les complicó la serie final a los Leones de Yucatán, no pudieron finiquitarla en Mérida y ahora tendrán que enfrentar las dos opciones que tienen para ser campeones en Tijuana. Serie titular de pocos matices que lo más que ha ofrecido en altos tonos ha sido el quinto juego ganado por los Toros en extrainnings, que muy cerca estuvo de tener un desenlace a favor de los locales. La gran apuesta melenuda es que el cubano Yoanner Negrín abrirá el sexto juego, en la frontera, en donde ya obtuvo el triunfo en el segundo choque de la serie. O es eso o jugar el todo por el todo en un séptimo juego que sería todo un “volado”. Para los Leones es Negrín y ya, para los Toros es que su bullpen, más que sus abridores, hagan el trabajo... que les dejen hacer su chamba. Todo en una serie, se reitera, sin grandes estruendos, rodeada de rimbombancias fabricadas al calor de fanatismos entendidos y júbilos merecedores, en el mejor de los casos, del entendimiento. Y es que a veces, solo a veces, la sumisión quiere ganar recompensa.

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