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Opinión

Las penas con pan NO son menos

Nutrirte

Por María Julia Robles Estrada

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Hablemos sobre el hambre emocional y de cómo nuestras emociones se relacionan con lo que comemos.

El hambre es una necesidad fisiológica vital para ingerir alimentos y así obtener los nutrientes que nuestro organismo requiere para funcionar correctamente. La sensación del hambre depende de 2 causas principales: una es de la cantidad de glucosa disponible en sangre y la otra de los estímulos del estómago. Por otro lado, el apetito es un deseo psicológico por comer que se asocia a algunas experiencias sensoriales como lo son el olor, los recuerdos, el color, la textura y la presentación de los alimentos.

Es importante aprender a identificar el hambre fisiológica del hambre emocional, El hambre fisiológica tiene las siguientes características: su incremento es de manera gradual y se puede satisfacer con cualquier alimento, una vez saciada el hambre se deja de comer y no provoca sentimientos de culpa. Por otra parte, el hambre emocional es caracterizada porque aparece de repente y como un antojo específico, este tipo de hambre no se calma una vez que se come lo deseado, la ingesta suele ser mucho mayor a la de una situación normal y puede causar sentimiento de culpa al acabar la ingesta.

Es verdad que las emociones juegan un papel importante en la elección de nuestros alimentos ya sea en su calidad o en su cantidad, algunas de las emociones que se asocian con la alimentación son: el miedo, el estrés, la rabia, la tristeza y el aburrimiento. Estas emociones a menudo suelen modificar la forma en la que nos alimentamos ya que estas generan un aumento en el consumo de alimentos con un alto contenido de azúcares o grasas. La ingesta de este tipo de alimentos genera en nuestro organismo una sensación de paz o de alivio.

El sistema de recompensa de nuestro cerebro funciona de tal manera que al tener la sensación de tener hambre se puede alterar nuestro humor sintiendo irritabilidad y reduciendo el nivel de activación; asimismo, cuando sentimos saciedad incrementa la calma y el afecto positivo, eso es porque en los alimentos (generalmente en alimentos muy ricos en calorías y pobres en nutrientes) hay un par de sustancias llamadas dopamina y serotonina, La dopamina está asociada a la motivación y relacionada con los circuitos de recompensa: el placer y las adicciones, y la serotonina por su parte está relacionada con la sensación de bienestar. Es por eso por lo que buscamos que los alimentos compensen nuestras emociones.

Tenemos que comprender que nuestras necesidades emocionales no se solucionaran comiendo y que la comida no es la solución a nuestros problemas. Ahora compartiré contigo algunos consejos para cambiar este hábito:

  1. Si tienes algún problema y te cuesta controlar tus emociones no dudes en consultar a un especialista.
  2. Mantente hidratado.
  3. Establece horarios de comida en tu día a día.
  4. Aumenta el consumo de fibra en tu dieta.
  5. Elige siempre snacks saludables.
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