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Opinión

El tiempo de las comunidades indígenas ha llegado a Sinaloa

EL ANCLA

Por Luis Enrique Ramírez

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Tan altas como diversas son las expectativas que genera un triunfo electoral como el del bloque Morena-PAS este año en la sociedad sinaloense, pero una en particular puede considerarse, desde ahora, segura de cumplir: saldar la deuda histórica con las comunidades indígenas del estado. El origen del gobernador electo Rubén Rocha Moya, en uno de los pueblos más olvidados de la serranía, determina su natural interés en resolver las ancestrales carencias en aquellas zonas, que ha vivido en carne propia. Por parte del Poder Legislativo, a partir del 1 de octubre el control estará en manos del diputado electo Feliciano Castro Meléndrez, quien ha dedicado su vida la lucha por visibilizar a esa parte de la población y sus necesidades. 

Uno de sus libros ilustra esta historia: “Sasalpa: Arcubia murió de frío”, que documenta su primer ejercicio como legislador, en la 58 Legislatura. Arcubia es el nombre de un indígena en miseria extrema que perdió la vida por falta de protección ante las heladas de 2006 en Choix, caso que dio a conocer Óscar Loza Ochoa y fue tema de un insólito debate en el Congreso, alentado justamente por Feliciano, quien logró que fluyera la ayuda hasta aquel rincón de nuestra geografía. Castro Meléndrez es, desde 2015, coordinador estatal de la UFIC (Unidad de la Fuerza Indígena y Campesina) que gracias a apoyos federales del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador hace tres años, entrega apoyos a estas comunidades. El pasado 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, Feliciano publicó un contundente mensaje:

“68 pueblos originarios engrandecen a nuestro país y en Sinaloa lo hacen los Mayos-Yoremes y Tarámaris en el norte y los Tepehuanos en el sur. Además, diversas comunidades étnicas que llegaron por la migración ya son parte de nuestra población sinaloense. La humanidad, entre más diversa, más humana“.

EN LA MISMA SINTONÍA. La atención a los pueblos originarios conforma uno de los ejes de la Cuarta Transformación. Desde su llegada a la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador encontró en Sinaloa terreno fértil para cumplir tal premisa. Ayer esta realidad se hizo palpable una vez más, con la segunda visita de la señora Rosy Fuentes de Ordaz, presidenta del Sistema DIF estatal, a la comunidad indígena Cuitaboca, en los límites entre Sinaloa y Chihuahua, donde dio inicio al cuarto programa de alimentación para comunidades indígenas. 

La primera dama del estado aprovechó el viaje para inaugurar formalmente la planta de energía eléctrica que se instaló en esa zona. Rubricó, así, el cumplimiento del compromiso que en este sentido asumió el gobernador, Quirino Ordaz Coppel, desde 2017. Luego de intensos trabajos y gestión de recursos (28 millones de pesos), este proyecto de electrificación es una realidad para 11 comunidades en los altos de Sinaloa. De aquí a octubre, el programa de apoyo a grupos indígenas, iniciado en 2017, beneficiará a más de 6 mil familias de 106 comunidades en Ahome, El Fuerte, Guasave, Sinaloa de Leyva, Angostura y Elota, con una inversión de 4 millones de pesos en la entrega de despensas, desayunos escolares, abanicos de pedestal, cobijas, ropa y hasta juguetes. A lo largo del gobierno quirinista, el DIF Sinaloa ha instalado 49 Espacios de Encuentro y Desarrollo que brindan alimento a 3 mil 500 personas indígenas.  

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Otras acciones son las ocho jornadas de entrega de lentes gratuitos a un total de 1,800 indígenas en Choix, Sinaloa, El Fuerte, Ahome y Guasave, así como de 900 bicicletas para niños, niñas y adolescentes, vía el programa “Ayúdame a llegar”. Enhorabuena.

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