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Opinión

Gobernadores, embajadores, deportistas, literatos… y Lola

EL ANCLA

Por Luis Enrique Ramírez

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En virtud de lo taquillero que resultó el tema del linaje diplomático “chupapiedras”, cerramos semana con la mirada fija en la noble y leal ciudad asilo de El Rosario, centenario mineral y pueblo mágico fundado en 1655, cabecera del municipio de Rosario, Sinaloa.

La pregunta es: ¿cómo, una ciudad de 20 mil habitantes (el municipio tiene 50 mil, según Inegi) ha nutrido con tantos cuadros relevantes al Servicio Exterior Mexicano? 
Ocurre también con Mazatlán, cuyo caso es distinto no solo por su amplitud geográfica, sino por su naturaleza cosmopolita, como destino turístico.

El Rosario es solar nativo de un caudal de miembros del cuerpo diplomático nacional a lo largo de la historia y hasta la fecha, en los cinco continentes del planeta; reflejo elocuente de la vocación internacionalista de este rincón del sur del estado.

Entre bromas y veras, el diplomático en retiro Enrique Hubbard Urrea afirma que El Rosario posee una marca insuperable: “Tenemos más embajadores per cápita que ninguna otra ciudad”, explica, pues son cuatro a la fecha: los ayer mencionados Antonio Espinosa de los Monteros, Francisco Apodaca y Osuna, Carlos I. González Magallón y el propio Hubbard. De este modo, concluye, El Rosario cuenta con un embajador por cada 5 mil habitantes.

Hubbard Urrea documenta el fenómeno en un festivo artículo, pródigo en datos, que publicó el 15 de agosto de 2019 en el periódico cultural de Sinaloa La Voz del Norte, con el título “¡Esos chupapiedras!”. Menciona algunos nombres de rosarenses que brillan en el Servicio Exterior, a partir del precursor, don Antonio Espinosa de los Monteros, al iniciar el siglo pasado:

“Orlando Espinosa de los Monteros continuó la tradición familiar como agregado cultural en varias naciones. Rigoberto Lizárraga realizó una larga carrera administrativa que lo llevó por todo el mundo, desde la propia Nicaragua, Jamaica, Líbano y terminó su carrera en el consulado en Phoenix, donde coincidió con otro rosarense, mi hijo Alan Hubbard Frías. Alan ha servido en Phoenix, Arizona, en San Bernardino, California, en Albuquerque, Nuevo México; luego en Toronto, Canadá, en Laredo, Texas y en Washington”. Hubbard Frías es cónsul de Protección y Asuntos Jurídicos en la Sección Consular de la embajada de México en la capital de Estados Unidos, Washington D.C.

MINA DE TALENTOS. El Rosario, además de embajadores, es la cuna del gobernador más emblemático de la historia contemporánea en Sinaloa, Juan S. Millán; el único que ha elegido no solo a su sucesor (Jesús Aguilar Padilla), sino al sucesor de su sucesor (Mario López Valdez).

De 1950 a 1953, nuestro estado tuvo otro gobernador rosarense: Enrique Pérez Arce, destacado jurista y uno de los grandes poetas sinaloenses. Otros señores hombres de letras nacidos en Rosario son Pablo de Villavicencio y Gilberto Owen, quien además desempeñó, para variar, numerosos cargos diplomáticos.

Rosario ha procreado deportistas como Irma Urrea Murray, única mexicana campeona mundial de boliche, y Horacio Llamas, primer basquetbolista mexicano en la NBA. También, eminencias médicas como el Dr. Guillermo Gosset Osuna, quien desde la OMS erradicó la viruela en Pakistán y Somalia. 

En estos días patrios, cimbra la voz y el recuerdo de la inmortal reina de la canción mexicana Lola Beltrán, quien llevó nuestra música a los más grandes escenarios de Europa. Hoy, Lola la Grande duerme el sueño eterno en el panteón municipal, como ella lo dispuso, mientras en la plaza principal del pueblo mágico su efigie, rodeada de sauces llorones, le brinda un canto infinito a la Virgen, frente a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario.

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