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Opinión

Aprobación

EDUCACIÓN, HOY

Por Marcos Miranda Gil

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Querer aprobar sin estudiar es igual o peor que desear cosechar sin sembrar. Ir a la escuela o recibir clases en línea desde la casa es solo el principio y la base de una formación académica. Incluso eso significa tan solo el punto de partida de un largo proceso de entrenamiento, práctica y ejercicio de destrezas y habilidades que según el grado de ascenso o desarrollo irá poco a poco mostrando exigencias acordes al status propio del avance individual de cada alumno. La mayoría de los participantes en el juego de la educación, el juego más serio de toda la vida, entiende con facilidad las reglas de este; si hay atención, hay comprensión; si hay disciplina hay recompensa; si existe disposición, habrá compensación. Todo es un convenio lleno de acuerdos escritos orales o formales desde la razón, la inteligencia y la mediación. El diálogo constructivo es el vehículo más importante en este contrato histórico entre generaciones capaces de cruzar la línea divisoria entre lo viejo y lo nuevo y lo importante y lo urgente. No hay palabras suficientes para nombrar cómo se mueve lo inmenso y lo intenso de un proceso educador. Cuando ir a la escuela deja de ser una obligación y se convierte en una plena satisfacción, se abren las puertas de un mundo además de atractivo, desconocido y deslumbrante porque en cada paso dado existe la posibilidad de encontrarnos de frente con el triunfo, la victoria y la confirmación de que la vida siempre es algo que vale la pena explorar. Son pocos los que van a la escuela con la idea de reprobar… son más los que desean aprobar, pues la aprobación es sinónimo de pertenencia e integración. 

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