Selecciona tu región
Opinión

Simone

EDUCACIÓN, HOY

Por Marcos Miranda Gil

-

Cada cuatro años los juegos olímpicos son un magnífico escaparate para observar y observarnos como seres humanos. Concentran lo mejor de lo mejor de casi todo los países del mundo en el terreno deportivo y en el campo de la convivencia humana. Son una excelente oportunidad para recordarnos de lo que nuestra especie es capaz de alcanzar cuando se combinan el talento y la disposición para llegar a lo más alto de la cima… la consagración, la fama y la huella permanente. La competencia de la olimpiada covid-19 actual ha sido muy diferente a las anteriores desde la Segunda Guerra Mundial por las secuelas propias de la pandemia y los esfuerzos de organización y ejecución han sido con mucho superiores a los otros. A todo ello se agrega un ejemplar acto de valentía de una joven norteamericana llamada Simone Biles que a sus veinticuatro años tuvo el coraje para renunciar a la posibilidad de alcanzar más medallas de las que ya ha logrado, cerca de treinta, en su carrera como atleta de alto rendimiento y decidió despojarse de su personaje y regresar al ser humano que siempre ha sido. Ser congruente es un ideal educativo de alto nivel, pero ser coherente en una gimnasta de la talla de esta increíble jovencita es quizás uno de los mejores ejemplos de madurez emocional porque como ella misma lo mencionó “ya no quiero seguir luchando con los demonios en mi cabeza, prefiero mi salud mental y bienestar”. Ser capaz de decir “basta… soy humano, no un robot” es tal vez el mejor mensaje de Tokio veinte veinte. 

Síguenos en