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Opinión

“Amor con amor se paga”

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por Martha Chapa

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Hemos atestiguado desde que inició su gobierno López Obrador, una clara inclinación para incrementar la presencia y el poder de los militares. Y al parejo, la inconformidad e indignación de la ciudadanía.
Nos ha mentido e incumplido sus promesas como candidato, cuando ofreció que los militares regresarían a los cuarteles y que no se mantendrían ya en las calles. Aún más, ha tomado decisiones que no sólo contrarían sus compromisos, sino son violatorios de preceptos constitucionales. Así, han sido cada vez mayores las facultades y responsabilidades, que eran propias de la esfera de los civiles.
A la vez, las críticas han surgido y cuestionan las definiciones y cualidades que AMLO atribuye a la milicia. Habla de su orden, disciplina, eficiencia y honestidad, que si bien proceden y son comprobables en lo general, es preciso contextualizarlas, y señalar los yerros y desviaciones que asimismo resaltan, sobre todo en materia de derechos humanos. Por igual, es evidente la falta de transparencia en las licitaciones que en su mayor parte no se han apegado a los ordenamientos legales de las obras que les ha asignado, desplazando a los ingenieros mexicanos del ámbito civil, que garantizarían su realización impecable, dada la experiencia y actualización técnica que han acumulado por décadas.
Son mucho e indebidos entonces los espacios de participación y las calificaciones que López Obrador ha concedido al ejército y que más bien se ubican en términos de la pretensión de coptarlos y someterlos al proyecto político que en lo particular él encabeza, bajo la 4T.
Ahora, también lo comprobamos fehacientemente con el discurso pronunciado por el Secretario de la Defensa General, Luis Crescencio Sandoval, en el marco del aniversario del 20 de noviembre, pues como dicen ni el amor ni el dinero pueden ocultarse, al grado que se arrogó la representación de toda la fuerza de seguridad del
Estado Mexicano para reducirla al servicio de esa corriente política, lo cual es grave, alarmante y ajeno al testimonio de institucionalidad y neutralidad que en el pasado reciente el Ejército ha mostrado frente a los diversos gobiernos en turno, privilegiando siempre los intereses de la Nación, del Estado Mexicano mismo, que está por encima de cualquier gestión gubernamental:
De seguro, muchos militares de los mandos medios y superiores —y hasta de los soldados que bien aprendieron en su formación estos valores—, están inconformes y molestos con estos haceres y decires. En cambio, el presidente López Obrador, se regodea en su autoritarismo de tener un ejército sumiso y maniatado a sus ocurrencias, caprichos y visión polinizante, que no es la de todos los mexicanos, que en contrapartida exigen unidad nacional, prosperidad, democracia, libertades y apego a la Constitución.
Pero tanto ha dicho él en sus discursos que “amor con amor se paga”, que ahora es el General Secretario de cuatro estrellas, quien no sólo se margina del marco constitucional y de las mejores tradiciones históricas de nuestro ejército en la época contemporánea, —siempre con nuestro aplauso—, sino que hasta incurre en desvaríos y los vocifera con descaro y sumisión aborrecibles

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