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Opinión

¿Qué está pasando en las comparecencias del Congreso?

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Por Miguel Ángel Vicente Rentería

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Decía Jesús Reyes Heroles:

“A mí se me puede preguntar por lo que sea y por lo mismo, yo tengo la responsabilidad de responder lo que yo quiera”

Bajo esta máxima, muchos secretarios de Estado acuden al llamado que les ha hecho el Congreso sinaloense para comparecer ante las diputadas y diputados en la pasada y presente semana. Tal vez algunos con la mínima preocupación por presuntos señalamientos sin importar el tamaño de los mismos, más cuando aparentemente no hay en este momento pruebas contundentes de algún tipo de delito, o alguna denuncia ante instancias correspondientes.
Y es que la misma ley lo dice, más bien las comparecencias según la fuente oficial del Congreso, son para una “ampliación de informes de labores”. Solo eso.
La máxima de Reyes Heroles si bien es cierto es atrevida, es también una medida para que los comparecientes puedan arroparse anímicamente ante la inminente lluvia de consignas que tendrán, sobre todo porque hay una clara desventaja numérica en cuestiones partidistas.
Para los más osados, las comparecencias ante el Congreso serán divertidas, estarán listos para soportar los improperios, las puyas, las acusaciones, los señalamientos y resistir la pesada jornada que puede ser de menos de 1 hora o extenderse hasta que a las y los diputados se les acabe la imaginación para preguntar, muy a pesar de que existan rondas de preguntas.
Regularmente los temas que se encuentran en la discusión pública, en medios o redes sociales provoca que los comparecientes se preparen para rebatir argumentos y sortear todo tipo de dificultades que pudieran implicarlos, incluso provocar y orientar a que los temas se terminen discutiendo en enfrentamientos de legisladores de partidos contrarios.
Pero por el lado contrario, es también una oportunidad para que los diputados quienes tienen de frente a los secretarios se preparen con datos sólidos, investigaciones reales y acusaciones o señalamientos que deriven de auditorías y que puedan comprobarse en el momento, no de chismes de pasillo, ocurrencias o venganzas ideológicas.
Y es que la naturaleza de una comparecencia no debería ser un simple informe de labores, tampoco una amistosa reunión de trabajo como lo dictan los flyer del Congreso del Estado. Más bien es una cita para una cuestionamiento, es la acción que un individuo realiza ante otro sujeto donde el segundo específicamente es una autoridad, para dar un explicación, o comparecer su versión sobre actos imputados o sospechados en su contra, para una amigable reunión de trabajo, bien se puede arreglar el asunto en un grupo de WhatsApp.
En esta semana, el Congreso Local recibirá a los segundos secretarios que habrán de comparecer, toda vez que la semana pasada ya recibieron a la Secretaría de Finanzas y el secretario de Educación Pública. Será una agenda atractiva para la opinión pública, esperemos que el debate sea de altura, argumentativo, con pruebas fehacientes y contundentes, sobre todo trascendentes para dos cosas: la primera que de haber irregularidades se señale y se ejecuten consecuencias, y en el caso contrario, de ser cuentas claras y positivas se reconozca y se aplaudo. Pero en serio, no que pasen desapercibidas con las últimas dos.
El extrañamiento de la sociedad en general por estos temas, no es porque no les interese, es porque el lenguaje no ha sido el correcto para comunicarles la importancia que tienen estos eventos para su calidad de vida. Fenómeno que la misma política ha provocado por opacidad y que de cierta manera, no tiene interés en que la sociedad se documente, rompen filas con el argumentativo de que “a la gente no les interesa estos temas”.
Pues no, si a mi no me explicas las implicaciones en mi vida de un fenómeno, tampoco me va a interesar.
Nos veremos en la próxima.

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