Opinión

Los jóvenes en la construcción de ciudadanía

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por Saúl Lara Espinoza

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Uno de los grandes roles de la educación y de los medios de comunicación, es la construcción de ciudadanía, especialmente a favor de los jóvenes. La de abrir a debate los distintos temas que están presentes en nuestra realidad. Hacerlo a partir del análisis crítico y objetivo, aunque toque intereses específicos, mirando siempre a favor del interés público. Este es de todos, incluidas las instituciones públicas. Aunque algunos creen ser dueños de ellas, que hasta las reparten a sus familias como si fuesen propiedad privada, abusando del poder sin escrúpulo alguno.

En ese interés público se encuentra inmersa la ciudadanía y su construcción. Tema como la transparencia, los hechos de corrupción, el manejo práctico de la democracia, el comportamiento público de los funcionarios que tienen a su cargo el uso y destino de los recursos públicos que provienen de la riqueza de la nación y del trabajo y esfuerzo de empresarios y trabajadores que con sus impuestos sostienen a las instituciones y a quienes trabajan en ellas.

Son muchísimas las temáticas que se tienen que abordar para construir esa ciudadanía de la que hablamos, puesto que ella está vinculada con diversas dimensiones, como la política, lo social, lo económico, lo cultural, lo educativo, la transparencia, el acceso a la información pública, los derechos y deberes, la ética y la justicia.

En ella también están implícitas las libertades, entre estas la de expresión; tema preciado que debe comprenderse de mejor manera y con agrado por los políticos, porque aporta a nuestra incipiente democracia, la cual debe ir mejorando su calidad y, con ella, ir construyendo ciudadanía para mejorar los estándares democráticos, y contar con políticos más preparados, prestigiados honrados.

En el proceso de ciudadanía se practican las libertades, derechos y deberes públicos, de acción y compromiso colectivo, de donde nace el sentido de pertenencia a la sociedad a la que se pertenecen y debemos construir con nuestro esfuerzo.

Así que la ciudadanía no solo es el conjunto de ciudadanos que configuran una colectividad, sino el atributo que estos deben tener para mejorar el entorno de sus localidades.

De ahí la importancia de que a los cargos públicos lleguen los mejores individuos. Las personas con virtudes, con conducta ética acompañada de congruencia en todos los sentidos. En fin, personas que tengan la voz completa, no remedos de políticos o burócratas que utilizan el poder para realizar grandes negocios particulares mediante el empleo de testaferros o prestanombres. O haciéndolo cobrando los famosos “diezmos” –aunque en ocasiones la “mordida” llega hasta el cincuenta por ciento del valor de las operaciones– que los emplean para dar “preferencia” en la colocación productos o servicios en el ámbito público. O bien, favorecer a empresas de familiares para que sean proveedores de servicios, cuestión que está estrictamente prohibida y castigada por la ley en la que por fortuna existe la denuncia popular. He aquí un elemento práctico para poner en operación la ciudadanía y su construcción, a partir de lo que suele llamarse valor cívico, denunciando a servidores públicos corruptos.

Este valor cívico es muy importante que se ejerza con toda libertad, aunque resguardándolo con ciertos elementos de seguridad personal y prudencia necesaria, porque hay quienes poseen el poder y están en la falsa creencia de que tienen derecho en cometer fechorías a toda costa, cual vulgares delincuentes comunes y corrientes. Desgraciadamente así es nuestra realidad, estimados jóvenes, pero no se dejen.

Por eso es muy importante que ustedes valoren que son el grupo de la población más amplio que hay en el mundo, particularmente en México. Y que de ustedes depende enormemente el progreso o retroceso, especialmente en los ámbitos económicos, sociales y políticos; empezando a partir de una mejor toma de decisiones en lo referente a la materia electoral, a partir de la valoración y adecuada emisión del sufragio para que no lo desperdicien a favor políticos mediocres y bandidos.

Para ello resulta indispensable que conozcan de manera elemental la historia moderna del proceso de construcción del Sistema Político Mexicano, la evolución básica de nuestra economía, y dentro de esta los saldos socioeconómicos elementales que se han arrojado en cada sexenio; incluyendo el comportamiento personal de cada presidente de la República, gobernador y presidente municipal de cada localidad.

En cuyo contexto resulta indispensable que se preparen cada día mejor, adquieran conciencia de los saldos negativos que han dejado y aun están dejando algunos gobernantes corruptos, mezquinos e ineficientes.

Jóvenes, no se dejen arrastrar por la mercadotecnia pagada con el erario público, que solo construye un imaginario social falso y eleva a personajes huecos por dentro, con aparente preparación académica. Al contrario, exijan mejores políticos y servidores públicos, genuinamente honestos. Aunque se molesten los soberbios e iracundos.

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