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Opinión

Importancia de la agenda de género

PUNTO DE VISTA

Por Teresa Guerra

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AGENDA DE GÉNERO EN SINALOA. Desde la década  de los 80 del siglo XX, empezó a agarrar fuerza en el país el reclamo de las mujeres para el pleno respeto de sus derechos; las exigencias venían de años atrás: desde las luchas de las sufragistas a inicios de siglo, de las mujeres revolucionarias que promovieron en enero de 1916 el primer Congreso feminista que se realizó en Yucatán, siendo gobernador el ilustre sinaloense Salvador Alvarado. Desde la época del Gobierno de Lázaro Cárdenas, donde se  dio el primer intento de legislar por el voto de la mujer y reformar el artículo 34 de la Constitución federal, que no incluía el derecho de las mujeres a votar y ser votadas, logro que se concretaría  hasta el 17 de octubre de 1953.

El avance ha sido gradual, en México las mujeres en 1950 no representaban ni el 13 por ciento de la fuerza laboral, no había suficiente presencia de las mujeres en las universidades, y las leyes del trabajo exigían la autorización del esposo, para efecto de que pudieran postularse a un cargo de elección sindical. Años después se transitó a las cuotas de género para hacer obligatoria la inclusión de las mujeres en los cargos de elección popular, y desde 1970 se fue ampliando la presencia de las mujeres en las aulas universitarias y en el mundo del trabajo.

Hoy, la Constitución obliga a la paridad total en los Gobiernos federal y locales, lo cual significa que deberá haber el mismo número de hombres y mujeres en los gabinetes y en los cargos públicos; sin embargo, los avances que se tienen en el mundo de la política no han bajado con suficiencia a las mujeres que se desempeñan en otros ámbitos, y lo que es peor, la violencia contra mujeres se sigue recrudeciendo en la sociedad.

Por ello la importancia de fortalecer la agenda de género y convertirla en una prioridad en el quehacer público; porque los avances que han obtenido las mujeres en el quehacer político deben llegar también a mujeres vulnerables, a víctimas de violencia, a las empleadas de dependencias privadas, a mujeres indígenas, a las estudiantes que buscan estar libres de acoso y obtener mejores oportunidades laborales, a aquellas que ganan menos y son excluidas de oportunidades de ascenso  solo por el hecho de ser mujeres.

Por ello también la trascendencia de que el Congreso del Estado debata la iniciativa para fortalecer las acciones y dar respuesta a las exigencias y reclamos de  las mujeres en Sinaloa. Crear la Secretaría de la Mujer es una acción más, que no será por sí misma suficiente si no se acompaña de resultados y voluntad política para que la transversalidad en el Gobierno sea una realidad, que la perspectiva de género se aplique en todos los órdenes de Gobierno, que se privilegie el responderle a las mujeres: en lo social, en lo económico, en lo educativo, en la salud, garantizando su seguridad y respetando sus derechos e inclusión en todos los frentes.

El reto es muy grande; sobre todo en una sociedad con alta estadística de violencia contra mujeres, con altas tasas de impunidad y de machismo; sin embargo, las sufragistas abrieron brecha en un mundo masculinizado de la política, las revolucionarias se hicieron presentes, y desde 1916 alzaron la voz y exigieron respeto a sus derechos. Nuestras antepasadas nos dieron el ejemplo, ellas iniciaron el camino, nos toca a nosotras agrandarlo y hacer que florezcan resultados. ¿Será?

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